martes, 22 de febrero de 2011

Recepción e imaginación (o una obra genial siempre es una obra genial).




Recién recibí, gracias a Pablo Rulfo de la Fundación Juan Rulfo, una trilogía de libros que, sin duda, son parte importante de mi formación lectora: Jorge y Gloria, de Tormod Haugen. A grandes rasgos, la historia es de un amor -aparentemente- imposible, aderezado por incompatibilidades psíquicas que después se vuelve tan grande como una torre, ¡con niños de primaria! -aunque, en realidad, nunca se especifique la edad de Jorge o Gloria; ocho, acaso diez años es un estimado completamente mío.

La primera vez que pasé mis ojos por estos libros habrá sido a los nueve años; la impresión que me dejaron fue más que simplemente honda: gasté días y días reflexionando sobre qué era el amor y qué significaba para mí, niño normal de primaria; un vacío tremendo -empatía, acaso- me acompañó durante ese lapso reflexivo. Luego volví a leerlos quizá a los doce o trece años; el resultado fue parecido: nuevamente caí en la reflexión, sólo que esta vez con un sabor menos experimental-teórico y más empírico: ya sabía yo, de primera mano, qué era el "amor", qué era ser rechazado por una niña y que se le enjugaran a uno los ojos de lágrimas, Jorge dejó de ser tinta en un papel para convertirse en un colega de llantos. Hoy, recién terminado el tercer libro -Jelou y gudbay (o las lluvias de otoño)-, a los diecinueve años, y antes de siquiera pensar en escribir esto, me di cuenta de un cambio sustancialmente extraño. Todo el tiempo que leí el libro estuve pensando en las razones psíquicas de Jorge para sentirse así, en la personalidad de Gloria para hablar asá, en por qué Eduardo, como personaje, hace esto u otro; y cuando niño/adolescente, tomaba todo como una verdad absoluta e inamovible: los personajes -obviamente, en un nivel menos reflexivo- se mueven así, por el simple hecho de que se mueven así. Esta aceptación casi sumisa me llevó al asombro característico de mi juventud. Asombro. Ésa es la palabra.

Me explico: antes yo llenaba vacíos más o menos grandes (el sentimiento -principalmente, pues con él me identificaba- de Jorge -lo que no se decía de él; los vacíos de Gloria; los paseos en el parque tenían incluso un ritmo en mi imaginación; sus voces prácticamente flotaban en mi cabeza.) Hoy, veintidós de febrero, estuve un poco renuente a ello; me cerré un poco a cosas que no estaban en el texto y tomé como cierto sólo lo que aparecía en él -de ahí que empezara a preguntarme por causas psíquicas, etcétera. Eso precisamente, hizo que mi asombro fuera menor al leer los libros. No me sorprendí. Tanto.

No obstante todo lo anterior, una obra genial siempre es una obra genial. Tormod Haugen creó un par de personajes entrañables -te quedes con los que tú te imaginas o con los que están ahí-, que pueden enternecer -ésa es la otra palabra- a cualquier lector; la historia es perfecta en su poca duración: tiene los altos y bajos, tiene los enormes PEROS que constituyen siempre un clima tenso muy bien creado; y, en la edición de la valiosísima Fundación Juan Rulfo, unas ilustraciones que van ad hoc con las emociones en la narrativa.

No cabe duda, una obra genial siempre es una obra genial. Recomiendo ampliamente leer estos tres libritos -media hora de tu vida, acaso- que pueden dejar una honda huella imborrable. Como a mí.

3 comentarios:

  1. donde los puedo conseguir! :D

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    1. chanfle, jamás me imaginé que nadie contestara y menos después de tanto tiempo. Yo conseguí los libros poniéndome en contacto al mail que aparece en la página de la fundación, que está allá arriba, pero de todas formas te paso el link otra vez: http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/juanrulfo/fundacion.htm
      Ojalá los consigas! Estamos en contacto!

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    2. wooo en serio??? mil gracias!! entonces llamo, mando un email o que onda? jeje mila gracias de nuevo!
      Saludos.

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